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Analisis de Geopolitica Global

Hugo Chávez: Hecho en Gran Bretaña

 

From: Felipe Torrealba

Sent: Thursday, November 30, 2006 10:10 PM

"Hecho en la Gran Bretaña"

por Gretchen Small

La relación de Hugo Chávez con el gobierno británico salió a relucir por vez primera el 12 de marzo de 1995, cuando un columnista del diario venezolano El Nacional informó que Paul Webster Hare, agregado político de la embajada británi­ca, había cenado con el "comandante" Chávez en, un lujoso restaurante caraqueño. El periodista, Jesús Eduardo Brando, tituló su columna "Pérfida Albión".

Pronto Chávez reveló que su relación con la embajada británica abarcaba mucho más que cenas de lujo. Ese mismo mes, en una rueda de prensa que le organizó en Buenos Aires su coordinador argentino, el notorio antisemita Norberto Ce­resole, Chávez se quejaba de que el gobierno del presidente Rafael Caldera lo "perseguía" y violaba sus derechos huma­nos al oponerse a las "conversaciones oficiales" que sostuvo con funcionarios de la embajada de Gran Bretaña. Chávez divulgó que el embajador británico, John FIynn, había tratado de organizarle una visita a Londres, pero que tuvo que cance­lar el viaje luego de que el presidente Caldera le presentó una protesta personal al embajador, advirtiéndole que si la Gran Bretaña seguía promoviendo así a Chávez, quizá el gobierno venezolano debería reunirse con los líderes del Ejército Repu­blicano Irlandés.

Ya entonces los radicales seguidores de Chávez se ufana­ban de contar con el apoyo británico, jactándose en sus publi­caciones que su líder, recién llegado de reunirse con Pidel Castro en Cuba y con la narcoguerrilla colombiana en Santa Marta, sostenía reuniones con el embajador FIynn.

El cartel de Cali

Al mismo tiempo que pintaba Chávez de "demócrata", la embajada británica adelantaba su propia campaña contra el gobierno del doctor Rafael Caldera, que se había atrevido a: violar los dogmas del "libre comercio" imponiendo el control de capitales tras el derrumbe de la banca venezolana. La vileza de tal campaña no se puede ilustrar mejor que con los ataques de la revista londinense The Economist, que en aquel entonces calificó de "cucaracha" al presidente Caldera.

En 1997 la embajada británica abrió otro frente contra el gobierno de Caldera, coordinándose esta vez con redes francamente vinculadas al llamado cartel de Cali. En abril de 1997, efectivos militares venezolanos capturaron a Justo ¡a quincena de julio de 1999

Pastor Perafán, uno de los pocos capos de ese narcocartel que aún quedaban libres y que llevaba más de un año escon­dido en Venezuela. Como el multimillonario Perafán fue una luminaria de la "alta sociedad" colombiana (fue, por ejemplo, invitado especial a la toma de posesión del presi­dente Samper Pizano, en 1994), si decidiere cantar podría dar suficiente información para condenar a las personalidades "insospechables" que protegen el narcotráfico tanto en Co­lombia como en Venezuela.

De inmediato el gobierno estadounidense solicitó que se extraditara a Perafán a los Estados Unidos, pero sus amigos del Congreso venezolano -y especialmente en la Comisión de Asuntos Interiores de la Cámara de Diputados- se pusie­ron en acción para bloquear su extradición a los EU. So pretexto de que había ingresado ilegalmente a Venezuela, procuraron más bien extraditarlo a la Colombia de Sam­per Pizano.

José Guillermo Andueza, ministro de Relaciones Interio­res del gobierno de Caldera y enérgico enemigo del narcotrá­fico, denunció la maniobra de los congresistas. Pronto se volvió blanco de un escándalo de "corrupción" que le arma­ron con material proporcionado por la embajada británica, patrocinadora de Chávez. Los amigos de Perafán en la Comi­sión de Asuntos Interiores del Congreso acusaron a Andueza de haber negociado ilegalmente con una compañía del go­bierno alemán un contrato para remozar el programa nacio­nal de identificación venezolano, sin hacer caso de la oferta que había hecho la compañía británica De la Rue. Los con­gresistas, munidos de los documentos que les dio la embajada británica sobre las ventajas de los servicios de De la Rue, emprendieron la guerra contra Andueza y convocaron au­diencias sobre su "corrupción".

Al final, Perafán fue despachado a los Estados Unidos, pero el nuevo embajador británico que reemplazó de FIynn, Richard Wilkinson, se metió de inmediato a la gresca en tomo a De la Rue. Wilkinson anunció que consideraba que su misión sería ayudar a "la modernización del Estado vene­zolano", y aprovechó una entrevista con el periódico venezo­lano El Globo para atacar al gobierno de Caldera por proce­der sin "transparencia" cuando firmó el contrato con la com­pañía del gobierno alemán, y no con De la Rue, compañía británica que no sólo imprime el papel moneda de unos cien países, sino que se especializa, cosa bastante interesante, en proveer de "equipo de seguridad y procesamiento de dinero en efectivo a la banca, el comercio al menudeo, las diversio­nes y el transporte en más de 120 países". A partir de eso, un periodista venezolano apodó a Wilkinson "el Embaja­dor Hojilla".

Los directores de la campaña

Por fin, en mayo de 1998, Chávez hizo su visita a Londres. El viaje, como él mismo lo dijo en la Novena Mesa Redonda de The Economist, celebrada en Caracas el pasado mayo, fue

Internacional 33

organizado por "mi amigo Wilkinson". y por fin, Chávez se vio con toda la gente apropiada: funcionarios del gobierno de Blair, miembros del Parlamento, una reunión en la Universi­dad de Oxford, el presidente de British Petroleum. Fueron, dijo Chávez en la mesa redonda de The Economist, "esos días inolvidables que pasamos en Londres."

Cuando su campaña presidencial cobró vuelo, Chávez empezó a recorrer el país en un avión que puso a su disposición Henry Boulton, vástago de la que ba sido por siglos la familia más anglófila de Venezuela.

A continuación se sumó al equipo de Chávez el aparato de Al Gore. En agosto, Chávez empezó a entrevistarse con un amigo y recaudador de fondos de Gore, Howard Glicken, empresario de Miami. El 16 de septiembre, Glicken le escribió un memorándum al embajador John Maisto en el que le infor­maba que Chávez "está muy deseoso de establecer una rela­ción de credibilidad, de diálogo" con los Estados Unidos. Glicken explica en el memo, más tarde publicado completo en la revista venezolana Primacía, que él y Chávez "nos hemos hecho amigos personales", y que le ha subrayado a Chávez, quien "es muy maleable y receptivo", que no sólo debe "decir el discurso", sino que hay que "caminar el camino" si quiere salir electo. Como prueba de que Chávez está aprendiendo a "caminar el camino", Glicken informa que su flamante amigo venezolano se ha entrevistado con el hombre de David Rocke­feller, Gustavo Cisneros, y que Diálogo Interamericano -el vehículo más importante de la política británica hacia Iberoa­mérica en Washington- está deseoso de invitar a Chávez a Washington.

El propio Glicken se ha movi~o en medios bastante sucios pero poderosos. Su carrera reciente se construyó en torno a sus nexos con Gore, desde que se volvió el recaudador princi­pal de fondos de Gore en Florida, en 1987. (Se sabe que él y su mujer manejan sendos coches Jaguar con placas que dicen "Gore 1" Y "Gore 2"). Se dice que Glicken ha acrecentado sus relaciones comerciales diciéndole a los clientes de su com­ pañía, The Americas Company, que él es el principal asesor iberoamericano de Gore.

Pero Glicken, que en 1998, poco antes de ocuparse de Chávez en Caracas, se declaró culpable de lavar dinero para la campaña de Gore, tiene Ul) largo historial de tratos sucios. En 1991, una compañía traficante de oro que fundara Glicken en 1983, Metalbanc, así como dos de sus funcionarios, fueron encausados por lavar narcodinero, a resultas de la Operación Casquete Polar, uno de los mayores. golpes que le haya asesta­do el gobierno de los Estados Unidos al cartel de Medellín. Glicken alegó que él no sabía en qué estaban metidos dos de los seis funcionarios de la compañía, y se le otorgó inmunidad parcial a cambio de ser testigo de cargo. A su socio de Metal­banc, Harry Falk, no le fue tan bien: lo condenaron a 27 años de prisión.

Personalidad reencauchada

El 28 de septiembre, el candidato Chávez ofreció su 34 Internacional nueva imagen. En una larga entrevista con el diario El Uni­versal, Chávez anunció: "En los últimos años he estado revisando posiciones, y me ubico muy cerca del planteamien­to del primer ministro británico, Tony Blair, cuando habla de la Tercera Vía. . . Me inscribo en ella, y seguimos estu­diándola". Venezuela debe funcionar dentro de la globaliza­ción, declaró, "porque no podemos volver al Estado paterna­lista que quiebra la economía". Chávez prometió que nunca recurriría al control de cambios, que tanto disgustó a sus patrocinadores cuando lo impuso Caldera. "El control de cambios es nefasto", sentenció Chávez. "Nosotros sabemos que el control de cambio genera corruptelas, mercados paralelos. . ."

A mediados de octubre, su amigo, el embajador Wilkin­son, declaró en una reunión de la Sociedad Anglo- V enezola­na en Londres (donde ahora opera John Flynn) que era casi seguro que Chávez ganara la elección en diciembre, y que eso era bueno, porque, según su experiencia personal, Chávez es ”un hombre con el cual se puede mantener una conversación inteligente. .. Su popularidad y su legitimidad … [son] condiciones indispensables para las medidas duras que el próximo presidente tendrá que tomar". Si Chávez reduce la corrupción y la ineficiencia del Estado, Wilkinson añadió, eso sería "un buen comienzo."

Los intereses británicos no han perdido tiempo desde que se eligió a Chávez. John Battle, ministro de Energía e Industria, visitó Venezuela en abril y formó acuerdos que fortalecen los lazos de este país con la industria petrolera británica. Un boletín que sacó el mismo mes el Departamento de Comercio e Industria de la Gran Bretaña promovía las "excelentes oportunidades" que le ofrece a las compañías británicas el régimen de Chávez. Las compañías del Reino Unido han vuelto a la prospección petrolera, y se espera que "en las nuevas condiciones del mercado" entren en explotación "grandes reservas de gas natural". Aparte de otras oportunidades industriales y comerciales, el boletín, que califica a los venezolanos de "consumidores compulsi­vos", deja claro que la Gran Bretaña no abandonará su lazo más fuerte con Venezuela: la venta de wiski escocés, que representa un tercio de la exportaciones británicas a Vene­zuela.

Varios famosos lacayos de Londres en los EU también se han puesto en acción. Apenas salió electo Chávez, el vicepresidente Al Gore (que tiene muy buen ojo para la corrupción) le extendió una invitación personal a su confe­rencia mundial sobre corrupción, que se celebró en Washing­ton en febrero. Hugo Chávez anunció que asistiría y que se reuniría con el presidente Clinton; pero, como nadie lo invitó a ver a Clinton, Chávez terminó por no hacer el viaje. El 18 de junio, los venezolanos pudieron ver fotos del "coman­dante" Chávez abrazado con sir George Bush en Houston, cuando bajó de su limosina para asistir a las celebraciones de los 75 años de Bush, a las que fue uno de los invitados de honor.

Resumen Ejecutivo de EIR

http://www.felipe-torrealba.com

abril 25, 2009 - Posted by | Noticias y política

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